Invito al lector de este libro a recorrer el índice..., y frente a este Catálogo de ilusiones naif y cursi lo prevengo para enfrentar una obra desgarradora y cruel. No hay un sólo título que alerte al lector del horror y la angustia contenida. Por el contrario, la resignificación de estos, luego de abordar cada cuento, provocará sensación de malestar, con sabor a traición. Si yo le dijera, por ejemplo, que en "Una garza en la esquina del cielo" el personaje materializa su obsesión con las piernas femeninas poseyendo y adorando una de ellas en su casa, temiendo la persecución constante de su dueña coja. ¿Qué le generaría la felonía sufrida frente al humor negro y provocador del título y todo su índice?

Pánico a la soledad. Ni siquiera el abismo de transitar la soledad misma, sino el quedar atrapado en la posibilidad de padecerla eternamente. El temor en vida al infierno prometido por el cristianismo. Esto es lo que transpira cada uno de los personajes misóginos que ocupan el conjunto del libro, aferrándose a distintos retazos inanimados de mujeres.

Cada cuento pertenece a este catálogo y depende de su conjunto para completarse. Distintos personajes que, como cortando pedazos desprolijos de revistas, van armando a un único sujeto deforme, desproporcionado y tumoral, que se arrincona, paso a paso, hacia un desenlace de cara al infantil rincón del escarmiento.

El final. Regodeándose frente al espejo luego de enviar decenas de orejas a la extraña que lo obsesiona y ni siquiera escucha sus aullidos, es interrumpido por golpes en la puerta. Ella, desconcertada, inocente, confundida, cargando su presencia corporal, vuelve todo inmanejable. "Ritual al final del día" cierra la obra, contrastando la fiereza y brutalidad para embestir la fantasía con la impotencia pueril de no poder lidiar con la materialización del objeto adorado.

Catálogo de ilusiones / Autor: Raúl Serrano Sánchez

$1.260,00
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Invito al lector de este libro a recorrer el índice..., y frente a este Catálogo de ilusiones naif y cursi lo prevengo para enfrentar una obra desgarradora y cruel. No hay un sólo título que alerte al lector del horror y la angustia contenida. Por el contrario, la resignificación de estos, luego de abordar cada cuento, provocará sensación de malestar, con sabor a traición. Si yo le dijera, por ejemplo, que en "Una garza en la esquina del cielo" el personaje materializa su obsesión con las piernas femeninas poseyendo y adorando una de ellas en su casa, temiendo la persecución constante de su dueña coja. ¿Qué le generaría la felonía sufrida frente al humor negro y provocador del título y todo su índice?

Pánico a la soledad. Ni siquiera el abismo de transitar la soledad misma, sino el quedar atrapado en la posibilidad de padecerla eternamente. El temor en vida al infierno prometido por el cristianismo. Esto es lo que transpira cada uno de los personajes misóginos que ocupan el conjunto del libro, aferrándose a distintos retazos inanimados de mujeres.

Cada cuento pertenece a este catálogo y depende de su conjunto para completarse. Distintos personajes que, como cortando pedazos desprolijos de revistas, van armando a un único sujeto deforme, desproporcionado y tumoral, que se arrincona, paso a paso, hacia un desenlace de cara al infantil rincón del escarmiento.

El final. Regodeándose frente al espejo luego de enviar decenas de orejas a la extraña que lo obsesiona y ni siquiera escucha sus aullidos, es interrumpido por golpes en la puerta. Ella, desconcertada, inocente, confundida, cargando su presencia corporal, vuelve todo inmanejable. "Ritual al final del día" cierra la obra, contrastando la fiereza y brutalidad para embestir la fantasía con la impotencia pueril de no poder lidiar con la materialización del objeto adorado.