Cristian Mitelman, autor de El trópico de Hegel, ganadora del I Concurso Internacional de novela Final Abierto 2017, nos sorprende con su segunda novela de la “Trilogía alemana”, Crítica de la razón nocturna. En esta última los ojos están puestos sobre Kant y nada menos que los de Walter Benjamin, cuya voz va impregnando su cuaderno de notas. En paralelo, en pleno ascenso del nazismo, es enviado por su periódico a cubrir los crímenes de un asesino serial que azota a un pueblo alemán. Estos hechos le permiten, desde el registro del policial, la agilidad narrativa para describir el terror que se avecina en el mundo.

“La filosofía de Heidegger está en el centro de Alemania. La filosofía de Kant es el centro de Occidente. Yo soy una periferia inescrutable, con sus ca- llejas sombrías en las que las casas son las citas deshilvanadas de los muertos. Heidegger es el castillo del ser. Kant es la catedral del deber ser. Yo, Walter Benjamin, soy la página que un copista dejó a mitad de camino. No poseo una filosofía. Las palabras son mi única filosofía. Y cuando me adentro en ellas, termino encontrando la imagen de un espejo que refleja el vacío. La última de todas las metáforas del idioma es el vacío absoluto. Allí se hunde el castillo de Heiddeger. Allí se desmoronan las catedrales kantianas. Ese barrio periférico llamado Benjamin lleva a un muro. Y detrás del muro todo se abisma.”  


Cristian Mitelman
Prefiero hablar en primera persona. Nací en el 71 en la ciudad de Buenos Aires. Estudié Letras Clásicas en la Universidad de Buenos Aires, pero el Griego y el Latín, como huellas en la orilla del mar, se han ido desdibujando. Me gusta la música barroca; me gusta el rock de los setenta; me gusta viajar con mi pareja (que no ha dejado de alentarme en todos estos años); me gusta acariciar a mis gatos. Supongo que, al estar en la solapa de un libro, debo hablar de literatura. Poco pero claro: venero la prosa de Borges y la Rulfo como las dos cumbres inaccesibles del idioma. Leí con gusto la lírica griega arcaica y soy un admirador de mucha gente que enriqueció y enriquece mi vida: Yourcenar, Virgilio, Platón (más allá de que no existan los Arquetipos). Admiro las novelas de Rivera y los cuentos de Abelardo Castillo y Fernando Sorrentino. Y los poetas, claro. Eclecticismo absoluto: los Goliardos; la humanidad de Yanis Ritsos, la poesía china, el haiku, la cadencia de Lorca, el nihilismo místico de Omar Khayyam. Las máquinas cabalísticas de Sergio Corinaldesi y los versos de Rogelio Pizzi me causan una serena emoción. Intento transmitir algo de todo eso en mis clases. Publiqué varios cuentos y poemas. Si le interesa, en la red (con minúscula) hay esquirlas de ese material.

Crítica de la razón nocturna / Autor: Cristian Mitelman

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Cristian Mitelman, autor de El trópico de Hegel, ganadora del I Concurso Internacional de novela Final Abierto 2017, nos sorprende con su segunda novela de la “Trilogía alemana”, Crítica de la razón nocturna. En esta última los ojos están puestos sobre Kant y nada menos que los de Walter Benjamin, cuya voz va impregnando su cuaderno de notas. En paralelo, en pleno ascenso del nazismo, es enviado por su periódico a cubrir los crímenes de un asesino serial que azota a un pueblo alemán. Estos hechos le permiten, desde el registro del policial, la agilidad narrativa para describir el terror que se avecina en el mundo.

“La filosofía de Heidegger está en el centro de Alemania. La filosofía de Kant es el centro de Occidente. Yo soy una periferia inescrutable, con sus ca- llejas sombrías en las que las casas son las citas deshilvanadas de los muertos. Heidegger es el castillo del ser. Kant es la catedral del deber ser. Yo, Walter Benjamin, soy la página que un copista dejó a mitad de camino. No poseo una filosofía. Las palabras son mi única filosofía. Y cuando me adentro en ellas, termino encontrando la imagen de un espejo que refleja el vacío. La última de todas las metáforas del idioma es el vacío absoluto. Allí se hunde el castillo de Heiddeger. Allí se desmoronan las catedrales kantianas. Ese barrio periférico llamado Benjamin lleva a un muro. Y detrás del muro todo se abisma.”  


Cristian Mitelman
Prefiero hablar en primera persona. Nací en el 71 en la ciudad de Buenos Aires. Estudié Letras Clásicas en la Universidad de Buenos Aires, pero el Griego y el Latín, como huellas en la orilla del mar, se han ido desdibujando. Me gusta la música barroca; me gusta el rock de los setenta; me gusta viajar con mi pareja (que no ha dejado de alentarme en todos estos años); me gusta acariciar a mis gatos. Supongo que, al estar en la solapa de un libro, debo hablar de literatura. Poco pero claro: venero la prosa de Borges y la Rulfo como las dos cumbres inaccesibles del idioma. Leí con gusto la lírica griega arcaica y soy un admirador de mucha gente que enriqueció y enriquece mi vida: Yourcenar, Virgilio, Platón (más allá de que no existan los Arquetipos). Admiro las novelas de Rivera y los cuentos de Abelardo Castillo y Fernando Sorrentino. Y los poetas, claro. Eclecticismo absoluto: los Goliardos; la humanidad de Yanis Ritsos, la poesía china, el haiku, la cadencia de Lorca, el nihilismo místico de Omar Khayyam. Las máquinas cabalísticas de Sergio Corinaldesi y los versos de Rogelio Pizzi me causan una serena emoción. Intento transmitir algo de todo eso en mis clases. Publiqué varios cuentos y poemas. Si le interesa, en la red (con minúscula) hay esquirlas de ese material.